Siéndote sincera, nunca hasta entonces había tenido miedo. Esa noche, mi cama vacía me hablaba de tí y de todas las cosas que aún quedaban por decir. Comprendí en ese momento que el miedo se había instalado en el cajón derecho de la mesita y no estaba entre sus planes hacer las maletas y partir.
Por primera vez tenía miedo, miedo quizás a no tener tiempo, miedo a que los días y su paso por el calendario no fuesen suficientes, y miedo también a no ser tan fuerte como creía.
Lau_arasdesuelo